Whiplash (2014)

Amor, pasión, lucha, sudor y sangre. Olvidarse del resto y del todo para únicamente vivir para y por ello. Así, puede entonces que se consiga lo que se persigue y anhela. La meta está más lejos aún de cualquier sueño o impuesta imposición. Es sobre el carácter de uno mismo, la personalidad reforzada y marcada durante mucho tiempo para sentirse el mejor por méritos propios. Es un compendio de corazón, práctica y tenacidad. Una vida, vista y vivida así, sin conocer los límites. Whiplash, es amor al único deseo existente. Lo demás, esté mal decirlo, haga daño o tenga sus consecuencias no gratas -que las tiene-, es secundario. Sólo importa convertirse en el mejor músico del momento y ser recordado para siempre en la historia de la música. Y para eso, hay únicamente una oportunidad. Tú decides cuando. Mientras, toca llorar, sangrar y rezumar. Martirizarse, sucumbir ante los platos, caja y tambor, bajar hasta el mismísimo infierno y ver que no eres lo que creías ser, que no has hecho nada hasta ese momento. Si quieres ser el mejor, debes entregar tu vida. Si buscas la perfección, muere explorando, porque puede que en algún momento, la roces nada más.

Whiplash

Whiplash es casi la perfección -no deja uno de pensar en Stanley Kubrick y el excelso trabajo de perfeccionismo y meticulosidad, llevándolo todo a su máxima expresión en cada uno de sus trabajos- donde profesor, Terence Fletcher (J.K. Simmons),y alumno, Andrew Neiman (Miles Teller) dos de las partes culpables de esta maravillosa película, la otra es su director/guionista, Damien Chazelle (Guy and Madeline on a Park Bench, 2009), se enfrentan con puño y baquetas, respectivamente, entre sí, para conseguir ser los mejores en su función. Chazelle no es el director del Bronx (Kubrick), pero consigue sacar de sus dos actores hasta el último insulto y gota de vida. Una pequeña y simple historia engrandecida por su realización, música, fotografía, actuaciones y un amasijo de emociones, que difícilmente puedes contener sin mojar tus mejillas y revolucionar tu corazón. ¡La perfección está ahí, sólo ahí!

Andrew  es un joven y ambicioso baterista de jazz, absolutamente enfocado en alcanzar la cima dentro del elitista conservatorio de música de la Costa Este en el que recibe su formación. Marcado por el fracaso de la carrera literaria de su padre, Andrew alberga sueños de grandeza, ansía convertirse en uno de los grandes. Fletcher, un instructor bien conocido tanto por su talento como por sus aterradores métodos de enseñanza, dirige el mejor conjunto de jazz del conservatorio. Fletcher descubre a Andrew y el baterista aspirante es seleccionado para formar parte del conjunto musical que dirige, cambiando para siempre la vida del joven. La pasión de Andrew por alcanzar la perfección rápidamente se convierte en obsesión, al tiempo que su despiadado profesor continúa empujándolo hasta el umbral de sus habilidades… y de su salud mental.

whiplash

Filmada de manera excelente por Chazelle, proporcionando primeros planos de Andrew y su extremo y pegadizo sufrimiento, de las componentes de la batería, cuando estos están siendo masajeados (castigados) como si se trataran de un personaje más -que realmente lo es-. La batería insufla vida y depresión a nuestro cicatrizado Andrew, que al fin y al cabo, sentimientos son. Una fotografía en los espacios cerrados de fina belleza. Una delicadeza -salvo con el profesor- en las relaciones más íntimas, que casi no se ve, pero que se hace de notar. Véase a Andrew con su padre en el cine, o cuando éste visita a su hijo y terminan en el sofá viendo una película. ¡Porque ir al cine con tu padre, es realmente maravilloso! La petición de Andrew para salir a la chica de las palomitas, la primera cita para tomar la pizza. O la ruptura -¡fantástico!- con la misma, que es para hacer una reverencia. Y, por supuesto, la unión/desunión entre Andrew y Fletcher. Una química explosiva, funcionando al ritmo de los tempos indicados por uno y realizados por otro. Para las buenas como para las malas -rigiéndonos al guión-, es una absoluta delicia cuando están cara a cara.

Whiplash

Whiplash es el fruto de la suma de una majestuosa sesión de jazz más un cine elegante y genuino. Todo amante del buen cine y la buena música, tiene aquí para emocionarse dejándose ser seducido de manera casi violenta, puesto te desnudas y eres casi violado hasta quedar exhausto. La unión de ambos compuestos hace que nazca el nuevo Charlie Parker (saxofonista), un Buddy Rich (baterista) en este caso. Fletcher ha sido el maestro, Andrew el elegido.

El excelente trabajo de un director/guionista prácticamente primerizo, que adapta la historia de su propio cortometraje para llevarlo a un nuevo y más extenso significado, consiguiendo una ópera prima, bien podría decirse, de valor impredecible, es para no olvidar. Whiplash, con sus cosas, es un emocionante y conmovedor filme que lleva al espectador a caminos luminosos, y a la vez agrios, para acabar hipnotizado, agotado y abrumado.

   ¡Aspirantes, limpien la sangre de la batería!

 

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