The Green Inferno (2013)

Creo que puedo decir que nada de lo que ha hecho Eli Roth me ha gustado como para darle un bien alto o notable. Puede que alguno de sus trabajos roce el aprobado y poco más. Que tiene un grupo de seguidores muy fans y locos por sus trabajos, pues muy bien, pero es que revisando su filmografía y estudiando bien lo visto de ella, no se puede sacar mucho más que intenciones y ganas –punto importante, pero insuficiente muchas veces-. En The Green Inferno son todo pretensiones intentando vender un producto, cosa que hace muy bien, pero que no dice ni llena nada, porque está carente de guión. Y por muy amante del gore que me considere, si se te ofrece algo como serio, pues este debe serlo.

The Green Inferno, con mucho retraso, se ha podido ver finalmente este año 2015. Y bueno, personalmente, entretiene lo justo. Dentro de ‘lo justo’ meteré las ganas de disfrutar. Una escena caníbal, un poquito de gore con un desenlace inesperado y punto final. ¿Qué quiere Eli Roth de nosotros? ¿Qué cuenta en esta cinta que merezca la pena?

La película nos cuenta como Justine y sus idealistas compañeros activistas de Nueva York, viajan a la selva de Perú para impedir la destrucción de una parte de la jungla por la tala de árboles y, evitar así perturbar la vida de una tribu indígena local. El primer cometido lo ‘consiguen’ por un momento, ya que cuando en una avioneta se disponen a salir de la selva, sufren un accidente, quedándose el segundo sin realizar: no perturbar la vida de los indígenas. Y no es que no la perturben, es que les dan la alegría del año. ¡Comida fresca!

Hasta este momento, The Green Inferno podría servir como preparativo/aperitivo para un gran film –es lo que se espera–, y que aparte de ofrecernos gore y canibalismo, fuera un buen producto con el que disfrutar realmente. Pero se puede apreciar como del aperitivo con unos personajes que pasan del entusiasmo al terror en lo que se tarde en pestañear, pasamos al primer plato sin sal ni el aliñado adecuado. Y mira que los caníbales se ocupan muy bien de curar la carne para ser comida. No hay nada absolutamente que atraiga: ni el primer cuerpo desmembrado –cojonudo, pero ¿qué?– ni nada de lo de después, porque no hay, salvo llantos e intentos de fugas, nada. Por no haber, no hay ni postre.

Un mero entretenimiento sin fuste ni razón, en el que se nos muestra un poco de violencia visual y querer así agrandar a un Eli Roth que, para un servidor, está demasiado valorizado.

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