Nymphomaniac Volumen 1 (2013)

En la mente de la depresión continua. En el gozo del sexo sin límites. En la provocación, violencia y exposición en mil formas de una vida que nos moldea a su gusto. Entre cantos independientes unos de los otros como si de una polifonía se tratara, donde una vez juntos, se crea el mayor clímax experimentado jamás. Dentro de un tritono orquestado por el mismísimo Satán, donde sus dos simples y martillantes notas, harán que nos aterroricemos y rápidamente nos agazapemos en busca de alivio y esperanza. La misma que Joe (Charlotte Gainsbourg) necesita para continuar con una vida que le ha golpeado por méritos propios. Su desesperada y necesitada búsqueda del exceso a base de sexo y, de forma incombustible, hora tras hora desde los dos años, momento en el que descubrió su coño y, del que tanto ha disfrutado y hecho disfrutar, le ha llevado a su ninfomanía y caos físico y mental actual. Desde ese momento, desde los roces sin bragas de su vulva –Mea Vulva. Mea Vulva Maximun– con el suelo del baño lleno de agua junto a su amiga B (Sophie Kennedy Clark) y, hasta encontrarse tirada en un callejón sin salida bajo la lluvia casi nieve, rodeada de objetos cotidianos de la calle y con el cuerpo señalado por una paliza. Justo hasta ahí, que será el instante en el que aparecerá Seligman (Stellan Skarsgård) como terapeuta, y nosotros como espectadores, su vida no tomará un punto y aparte intentando reflexionar para encontrar el por qué de todo con su triste y agitada vida.
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Con una pantalla negra durante un minuto aproximadamente. Con un guantazo a ritmo de Rammstein cantando Nymphomaniac. Con envidiable majestuosidad dirigiendo hacia, y moviendo sobre, Lars Von Trier nos da la bienvenida a su nueva obra. Sexo, Bach, pesca, poesía, paralelismos, fotografía… Todo se conjuntará para crear el nuevo hijo de este enfant terrible europeo. Von Trier podrá ser tedioso para la mitad –o mucha- de la parroquia cinéfaga, pero sincera e innegablemente, su cine es una obra de arte detrás de otra.
Nymphomaniac Vol.1 (en un mes se podrá ver el Vol.2) cuenta como Joe (Anticristo, 2009; Melancolía, 2011) es una mujer de cincuenta años que sufre una enfermedad estigmatizada dentro de la sociedad. Hace tiempo que la protagonista se autodiagnosticó como ninfómana, por su adicción al sexo desde que era pequeña, y ahora se atreve a contar las experiencias de toda una vida a un interlocutor inesperado. Seligman (Rompiendo las olas, 1996; Bailar en la oscuridad, 2000), un solterón entrado en años, se encuentra a Joe tirada en mitad de la calle, herida después de una brutal paliza que le acaban de dar. El hombre se apiada de la mujer y la lleva hasta su casa donde intentará curarla de la agresión. Seligman no puede entender cómo una mujer de sus características ha podido acabar de aquel modo, pero ahora que Joe está dispuesta a desvelarle todos sus secretos, él se convertirá en su principal confidente. Así, en una noche de frío invernal, la protagonista hará un repaso a los cincuenta años de su existencia a través de relatos repletos de lujuria y sexo, aunque también de incidentes poco deseados.
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Pero Joe, para contarnos su infancia y juventud, se proyectará en la joven Joe, una guapísima Stacy Martin encargada de llevarse todo el peso de esta primera parte, realizando un papel tan grande, como el número de pollas comidas o metidas dentro de su trabajado aparato reproductor a lo largo de su solitaria vida. Porque Joe, probablemente como Von Trier, siga sin encontrar el amor y sólo el deseo. No se sabe bien el deseo de qué, pero seguro que el de provocar y excitar es seguro. Y no es sólo Joe actual y Joe joven, también está encomiable Seligman dándonos una excelente clase de pesca, psicología,  de los números fibonacci y música. Que no importa que el tenedor para el bollo sea el del postre (sic), habiéndose equivocado en su elección, ya que su sola presencia y aptitud para desarrollar un papel fantástico, es de sobresaliente. O la increíble Uma Thurman (Pulp Fiction, 1999; Kill Bill Volumen 1, 2003 ), Mrs. H, desempeñando el papel más negro y humorístico de toda la película. Su capítulo, llamado como ella, es desternillante y punzante gracias a sus diálogos y personajes.
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Lars Von Trier vuelve a seducir al espectador más abierto con una selección musical tan agradable y bella, que de paso sirve como clase magistral para alumnos hambrientos. Sólo recordar la forma de explicar y encontrar el paralelismo entre la polifonía y las tres mejores piezas cazadas por la joven Joe, es ya orgásmico. Pero para belleza: sus secuencias, imágenes e instantáneas, que poco a poco nos va sirviendo, como si de un restaurante se tratara, donde nosotros somos los clientes, y el danés el camarero/chef, desplegando con elegancia y maestría  el arte de servir plato tras plato, o capítulo tras capítulo, hasta el total de cinco que consta este Volumen 1.
Un Cantus Firmmus (Canto fijo) de inolvidables, abrumadores y mágicos momentos experimentado sensaciones nuevamente con lo que considero gran cine, gran viaje, gran experiencia y gran mensaje. Cine con mayúsculas lo que este Señor cuenta y realiza.

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