Nymphomaniac Vol.2 (2013)

Con Nymphomaniac Vol.2, se “casi” termina la nueva y última película del danés Lars Von Trier. Se “casi” termina, porque en realidad hemos visto cuatro horas de las cinco originales, y para colmo, divida en dos partes de dos horas cada una. Recientemente se ha podido ver en la berlinale`14 todo el metraje y de una tacada. Un aspecto que a mí me cabrea, la verdad, y que sigo sin conseguir entender. ¿Por qué dividida en dos proyecciones con un mes de diferencia y sin ver en realidad sus cinco horas? Es como si los propios productores hubieran querido jugar con nosotros con ejercicios y deducciones físico-mentales que perfectamente vemos dentro de esta cinta de sufrimiento, dolor y culpabilidad. Las sucesiones de Fibonacci, como regla matemática, serán la partida para este ejercicio de alta complejidad, asperidad y de final negro como la soledad de nuestra dolorida Joe.

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El placer y el dolor. Occidente y Oriente. La iglesia católica (Occidente y placer) contra la iglesia Ortodoxa (Oriente y dolor). Así, y con una de las secuencias más bizarras y hermosas vistas en tiempo, arrancan estas segundas dos horas de Nymphomaniac, porque en realidad, es eso, Ninfomanía, a secas. Dos putas: Mesalina y la ramera de Babilonia; y una joven niña: Joe joven (Stacy Martin), son los primeros minutos del Vol.2 en el que se nos deja perplejos y babeando por un orgasmo casi surrealista e imágenes de una factura visual, por encima de cualquier belleza conocida hasta ese momento. Von Trier hace que nos corramos sin tocarnos.

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En los siguientes tres episodios: 6, 7 y 8, el peso de Joe adulta -narrativamente hablando- es mucho más importante, dejando a nuestro psicoanalista/profesor Seligman más en un segundo plano. Dejando la casa de este desprovista casi de similitudes para la historia de nuestra ninfómana, Joe tirará de imaginación y aguante para contarnos sus perversiones, juegos, inquietudes y locuras. Una continuación mucho más áspera, descorazonada y sin vistas a una mejoría en la vida de Joe. Cinematográficamente hablando, inferior a su primera parte -por llamarlo así-, puesto lo visual y técnico, siendo de maestros, hace menos acto de presencia, recayendo todo absolutamente en su guión y desarrollo. Demostrando de paso, que el danés, tanto a la hora de escribir como de dirigir, transmite consiguiendo grandes resultados, lo que se propone. ¡Exquisito y rancio!

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En el capítulo 6: la iglesia oriental e iglesia occidental. La búsqueda del placer o del dolor. Y a ritmo de Bach, Haendel y referencias hacia Wilhelm Reich. Gainsbourg busca, se automutila y autodestruye de forma tajante y precipitante hasta no encontrar nada salvo latigazos. Dejando notablemente claro, su viaje hacia occidente (hacia el dolor), aunque ella precisamente buscara un viaje hacia el otro punto cardinal, consiguiendo así el placer y no la destrucción (oriente). En el capítulo 7: el espejo, Charlotte se deja llevar y termina por ir a terapia de adictas al sexo, no sacando en claro nada más que una cosa: ella “no es adicta al sexo, es ninfómana”. Tapará y cerrará todo aquello que su mente enferma ve que posee para no verse de nuevo en el infierno de dejar su cuerpo a merced del diablo. Pero Joe no lo tendrá tan fácil. En el último de los capítulos, el 8: la pistola, momento de lucidez imaginativa de Joe de la que hablaba, cuenta como nuestra protagonista se mete en un grupo de extorsionadores comandado por William Dafoe, poniendo a prueba sus mejores conocimientos, dando estos unos resultados excelentes, pero con varias sorpresas inesperadas.

Nymphomaniac Vol.2, que sin quererlo -y fastidia porque no tendría por qué- se ha de comparar con el Vol.1, es orgásmica, pero, sobre todo, mentalmente angustiosa, tormentosa y un calvario para una vida que ahora, por mucho que se luche, cuesta enderezar. Una Charlotte Gainsbourg sublime. Un Stellan Skarsgard magistral. Y un final oscuro como la vida que ha llevado nuestra Joe joven y adulta. Un Hey joe cantado por la propia Gaisnbourg cierra una historia apasionante llena de referencias, almas desnudas, placer, misterio y aflicción.

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