Loreak (2014)

La vida son momentos y sentimientos que se ven y viven desde el aire y a pie de calle. Todo el amor, la lucha, la felicidad, la tristeza, las caídas y los levantamientos –morales–. El ir y venir, la lluvia o el sol. Todo está pululando sobre nosotros y alrededor nuestro. Únicamente, debemos intentar vivirlo o que hagan –no se sabe quién– por que lo vivamos. Pueden ser unas flores, van a ser unas flores, nada que parezca salirse de lo normal, pero estas flores son especiales. Unas flores que estaban ahí, esperando a ser cogidas, para luego ser vendidas y posteriormente, ser alimentadas y cuidadas. Y ellas serán las encargadas de dar luz y belleza a “Loreak”, a sus tres féminas protagonistas, al señor que lo comienza todo y por último, al espectador. Que, apuntar, como ha sucedido en mi caso, se ha quedado maravillado.

“Loreak”, de Jon Garaño y José Mari Goenaga, es una bella, colorida y sencilla película, que cuenta la vida de Ane, Beñat, Lourdes y Tere. Un día –jueves–, Ane, con menopausia recién diagnosticada, comienza a recibir de forma anónima un ramo de flores en su casa. Su ánimo, también empeorado por la mala relación con su pareja, empieza a cambiar para bien, gracias a estas bonitas flores. Anónimas, porque no hay mensaje alguno, pero flores para Ane. Así pasarán las semanas y el estado anímico de Ane ira mejorando notablemente. Entre tanto, los enfados y peleas con la pareja, por la evidente preocupación de éste y las misteriosas flores, continúan. Pero un jueves, después de muchos, no llegan las flores… Deja de haber flores para Ane. ¿Qué pasa?

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Hasta ese último ramo para Ane, “Loreak”, es inmensa y elegante –no quiero con esto decir que la continuación no sea así, pero quiero remarcar sobre todo esta primera parte–. Una dirección sublime. La narración es perfecta. Nagore Aranburu (Ane), magistral. Su textura y color -del film-, fascinante. Una manera de ser absorbido, sin esperarlo, de absoluta maestría. El clímax, fabuloso. Un TODO para aplaudir sin cesar.

De ahí y hasta el final, las flores irán a otro lugar y las vidas de Tere y Lourdes se alterarán. Los sentimientos, el amor, el dolor, los momentos de la vida, las semillas de las nuevas flores… Todo comenzará con otro olor, pero con la misma sencillez, viveza y majestuosidad.

Los directores, creadores de 80 egunean (2010), asombran con una película tan natural y curiosa, que el espectador, sentado en el sofá, se rompe en dos, curiosamente, sin explicarse muy bien, cómo es posible que haya sido sorprendido tan elegantemente. Unas flores, cargadas de vida y tonalidades, que desde el cielo -y la tierra-, veían todo, y con una única razón, hacer feliz. Un trabajo digno de alabar y ver varias veces. Un trabajo que regala un nuevo aroma al cine, como el aroma de cada semilla nueva.

¡Flores para todos!

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