Horns (2014)

Difícil veo –ojalá me equivoque– que Alexandre Ajá supere su fantástica e imborrable Haute Tension. Complicado lo tiene mientras siga pensando más en otros aspectos que en la historia en sí. Desde aquella salvajada, no ha vuelto a dirigir nada así de excelente, apetecible y esperanzador, para un género que siempre necesita estar arriba del todo con grandes trabajos como es su Alta Tensión y no su Horns (Cuernos), por ejemplo. El americanizarse, para mí, le está sentando jodidamente mal. Salvo parte del remake de Las colinas tienen ojos y la divertida y gore, Piraña 3D, el resto de sus obras son olvidadizas, algunas incluso, tediosas (Reflejos). Horns, de la que voy a hablar aquí, no es mala, porque entretiene y encuentras en ella cosas con las que quedarte, pero a los dos días ya no tienes nada de ella en tu cabeza. En general, pienso que tiene una filmografía que ha ido a menos con altibajos importantes.

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En Horns, un guión adaptado por Keith Bunin sobre la novela de Joe Hill, se nos cuenta la historia de un jóven de 26 años, Ig (Daniel Radcliffe), que es acusado injustamente de haber violado y asesinado a su novia, Merrin (Juno Temple), por ser el único sospechoso de la muerte de ella. Después de un año de su muerte, Ig pasa esa noche bebiendo sin parar, lo que le llevará a actuar de forma diferente y preocupante en adelante. Quiere esclarecer y demostrar lo que de verdad ocurrió sin pararse a pensar mucho en lo que hace. Una de esas mañanas, amanece con dos cuernos en la frente como si de un chivo se tratase. Lo que él no sabe es que gracias a los cuernos –una bendición– podrá descubrir al asesino de su novia. A todo aquel que se acerque desde ahora, estos le confesarán todo, relevante o no para desentramar el caos interno que sufre Ig.

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Horns, es amor, humor, terror y venganza. Sobre todo, el primer y cuarto adjetivo. La película proporciona dosis de entretenimiento debido a su banda sonora, varias secuencias o momentos punteros. Veamos la visita al médico para que le corten a Ig los cuernos… O varias confesiones que provocan la risa (el tipo del bar que…). También varios de sus flashbacks con los que se ayuda para ir descifrando lo ocurrido el fatídico día, o la venganza contra el hermano del propio Ig. Como digo, momentos que sumados entre ellos, proporcionan que no te desenganches y estés sin perder la atención hasta el final. Esa mezcla, es probablemente lo mejor de este film de Alexandre Ajá.

No me he terminado de creer el papel serio y malote de Daniel Radcliffe, por supuesto, la conversión –a lo que se convierte– una vez dejada atrás la bendición, y en general, el resultado final. Se alarga demasiado para terminar explicándolo todo con pelos y señales. Y cuando te vienes a dar cuenta, solo te ha entretenido pero para nada cautivado. Y aunque el cine trate de esto, de entretener, todos sabemos, que siempre queremos o vamos buscando más.

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