The Grandmaster (2013)

2.500 planos configuran el nuevo amalgama de imágenes, secuencias, miradas, luchas, espejos, luces, marcos, encuadres, pasillos, música… del chino Wong Kar-Wai. The Grandmaster, trabajo que le ha llevado tres años de duro rodaje, es un efectista producto cargado de una belleza, podemos decir que usual en el director de Deseando amar y 2046, asombrosa, en la que se nos muestra un interesante y bello recorrido por la China del siglo XX, presentándonos y, contándonos, la vida de Ip Man, el reconocido entrenador del mítico Bruce Lee dentro del arte marcial conocido como Wing Chun. Un arte compuesto por tres formas: Kata, Kuem y Pumse. El Wing Chun: Tiene como objetivo el de ayudar a comprender en profundidad los conceptos básicos del sistema y desarrollar habilidades tales como la raíz, la coordinación, la mecánica corporal, la relajación, la estructura, el desarrollo de la energía y el poder explosivo. Mismos objetivos aplicables a nuestros sentidos a la hora de ver un trabajo de este señor.

Grandmaster1

Uno, que anda todavía vibrando de aquella experiencia amorosa –y costosa por sus protagonistas– que es Deseando amar. De su magia, del Yumeji’s Theme de Sigeru Umebayashi –enamorado de esta pieza musical de por vida–, de los paseos a por leche por aquellas escaleras, de la lluvia, del intenso color que emanaba amor desde cualquier punto hacia donde dirigieses  la mirada, de perspectivas varias…  de todo, porque Deseando Amar  es para amarla. De 2046, donde Wai de nuevo nos llenaba de color alma y mente. Donde se podía asistir una vez más a un ejercicio siempre efectista visual y musicalmente, en el que dejarse llevar es  la mejor herramienta para disfrutar de estas obras tan meticulosas. Y de paso, poniéndose uno a recordarlas, encontrará ciertos puentes de conexión con esta The Grandmaster. No pasa lo mismo con My Blueberry nights, una lujosa cinta de niveles estilísticos muy altos, pero de nefasto y aburridísimo guión. Llega con terribles ganas de ser seducido y enamorado nuevamente ante un estreno más que esperado.

grandmaster2

The Grandmaster cuenta la historia de Ip Man (Tony Leung: Deseando amar  y 2046), maestro y divulgador del Wing Chun (hegemónica del sur de china) y Gong Er (Zhang Ziyi: El camino a casa) experta en el Ba Gua (la que procede del norte). Ip Man se dedica a la enseñanza, Gong, es más bien una mujer inclinada a no transmitir los conocimientos de su legado familiar. Mirar hacia delante (Ip Man), y mirar hacia atrás (Gong Er). Dos estilos diferentes de luchar, de ver y sentir diferentes tipos de lucha que se cruzarán por amor, poder y satisfacción.
Estos dos maestros del kung fu vienen a reunirse en la ciudad natal de Ip Man, Foshan, en vísperas de la invasión japonesa en 1936. El abuelo de Gong Er, un gran maestro de renombre, también viaja a Foshan para su ceremonia de jubilación, que se llevará a cabo en el legendario burdel ‘El pabellón de oro’. Una historia de traición, honor y amor llevada a cabo durante la época tumultuosa que siguió a la caída de la última dinastía de China, un tiempo de caos, y una división y guerra, época también de oro de las artes marciales chinas.

grandmaster3

Wong Kar –Wai no defrauda en cuanto a dotes técnicos, diría que está por encima de cualquier trabajo anterior, puesto hay cientos de detalles de los que poder hablar y seccionar hasta hacer de un plano o secuencia una nueva película. Te quedarás más que satisfecho con el resultado final si sólo buscas eso –y sin buscarlo–, porque todas las luchas: la protagonizada bajo la lluvia, la del burdel entre Ip y Gong, o la memorable, descomunal, o como se le quiera definir, pero grandiosa lucha, en la estación del tren entre Gong y Ma Sam, son para arrodillarse y hacer reverencias. Su estilo, color, textura, movimientos a cámara lenta, la gente observando desde las ventanas o nosotros desde la nuestra, nos llenará de placer y agitación. Simplemente magistral.
Pero The Grandmaster como cualquier otro filme, debe, tiene que tener para ser una gran obra, o por lo menos engancharte con lo verdaderamente necesario, un buen guión. Una historia y desarrollo a la altura –qué mínimo–, en este caso del nivel técnico, del que es elocuente la película, para formar una explosión, al igual que los golpes de tan maravilloso arte, definitiva y mortal.

gradmaster4

Montada como si de una obra teatral se tratara, por capítulos –así la veo yo–, veremos entrar y salir personajes de la historia sin más explicación –bueno, viviremos de flashbacks durante todo el metraje–, cargando el relato de cierta complejidad. Apuntar, que la narración china tradicional organiza las relaciones entre los elementos del relato de forma más libre y flexible que la novela occidental, pero no culpa de esto, porque no se llevó acabo así finalmente –dicho por el propio Wai–, The Grandmaster , ni construida a capítulos ni de la forma tan libre como es la narración de este país, alcanza los niveles requeridos, y ya no para su comprensión –que es llevadero–, sino para un entretenimiento y aprendizaje digno del resto del trabajo.
El Hongkonés demuestra ser un auténtico maestro dirigiendo: su narrativa visual con la cámara sí es perfecta. La fotografía, obra de Philippe Le Sourd, sí es para quitarse el sombrero. La música, a cargo de Sigeru Umebayashi y Nathaniel Méchaly, es hermana gemela de cualquier plano, momento o estado del filme. Todo en el apartado técnico es desbordante de majestuosidad. Todo. Son, como decía, cientos y miles de detalles con los que disfrutar diseccionando poco a poco. Pero, su guión, realizado entre Wong Kar-Wai, Xu Haofeng y Zou Jinzhi, basándose en una historia propia del director, no es de ese magnetismo, no logrando engancharte, dejándote frío como las tierras por las que nos moveremos durante el visionado.
Kung fu: Horizonal y vertical. Como la vida de de Ip y Gong respectivamente. La deshonra y la gloria.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguridad *