Bone Tomahawk (2015)

Vale, reconozco que para los westerns y mucho del cine clásico, he sido más duro de la cuenta a la hora de entrarle e intentar disfrutarlo -si lo era-. Pero la verdad es que ese lastre o etiqueta autoimpuesta, quedó atrás mucho tiempo ya. Llegó el día en quitar prejuicios o simples hábitos a no ver cierto cine y, desde entonces, intento, aún seleccionando, ver todo sin juzgar al padre o madre que tenga. Y para Bone Tomahawk ni me lo pensé una ni dos veces, porque ya no me importaba que pudiera ser, sino lo que me pudiera crear. Para más inri, había leído que había canibalismo y eso fue… Pero os cuento, os cuento lo que me ha parecido esta película de S. Craig Zahler con un reparto bastante interesante: Kurt Russell, Patrick Wilson, Matthew Fox, Lili Simmons, Richard Jenkins, Sean Young…

Bone Tomahawk. Año 1850. Llega a la ciudad de Bright Hope un forastero que rápidamente levanta las sospechas del sheriff Franklin Hunt (Kurt Russell), el cual le detiene después de una disputa. La guapa Samantha O’Dwyer (Lili Simmons) decide cuidar del preso, pero esa misma noche desaparecen ambos junto a John Brooder (el segundo del sheriff) de la oficina del sheriff. La única pista de dicha desaparición es la de una flecha que al parecer, pertenece a un grupo de caníbales inadaptados y anclados en otra vida. El sheriff saldrá a la búsqueda de estos acompañado de algunos hombres entre los que se encuentran un vaquero Arthur O’Dwyer (Patrick Wilson), Chicory –un anciano ayudante- (Richard Jenkins) y Purvis (David Arquette).

Ya no se volverá a ver Brigh Hope, ni saber nada de su gente. Es un viaje complicado pero con esperanzas. En él, sus cuatro aventureros sueltan sus buenas y malas cosas, conviven medianamente bien mientras se acercan al final y al espectador lo hartan de minutos y tierra sin fuste ni resultado alguno. Varios percances mínimos hasta llegar al valle maldito, pero nada, absolutamente nada que destacar en la vida de estos cuatro vaqueros y del film en general. Bueno, un poco individualmente de cada uno de ellos, que a decir verdad y para ser muy sincero, no trabajan mal su personaje, pero el problema es que tienen un guión más seco que el firme que pisan y sin forma de que enganche. No transmite esa desesperación y agonía por poder rescatar a su gente. No se sufre lo que parece que ellos sufren durante el viaje de largos días. Somos un espectador que espera y espera mientras está siendo entretenido levemente.

La llegada al valle, a la falda de la cueva donde viven unos supuestos caníbales con los secuestrados, hace que se ponga un poquito más interesante la trama y la vida de todos, los de dentro de la pantalla como la de los que nos encontramos fuera –y fuera seguiremos–. Dan con los primeros salvajes de blanco y comienzan los tiroteos, muertes y a verse fluir sobre el árido suelo, leves gotas de sangre. Empiezan las bajas y los contactos reales con los inadaptados come humanos. Dentro de la cueva, el interés se incrementará un poco, pero no mucho. Y no porque no haya más canibalismo del que sale, no, sino porque nuevamente, la historia se queda sedada como cuando se toma el famoso opio propiedad de los señores O’Dwyer. Me parece incomprensible.

No es que no me gusten los westerns y mucho el gore y por esto mismo no haya quedado satisfecho. Ya he aclarado ese punto. Es que Bone Tomahawk son muchísimos minutos de metraje sin casi agua –guión– en la cantimplora, para llegar a un oasis y encontrárselo seco –como todo lo demás–.

Fallida propuesta de mestizaje cinematográfico que bailaba sobre carneros antes de verla y que queda cubierta de estepicursores nada más terminarla.

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